27th March 2010
Winston Manrique Sabogal me visito en Budapest. Su entrevista para El Pais está aquí.
Desde hace cinco años le regalan tulipanes amarillos. A su madre, también. Es la forma que han encontrado sus lectores para decirle que les ha gustado el libro y que se sienten orgullosos de que él, György Dragomán, sea uno de los escritores húngaros contemporáneos más prometedores y conocido ya en una veintena de idiomas gracias a El rey blanco (RBA, en español, y La Magrana, en catalán). La historia es la de un niño que relata su descubrimiento frontal con la vida en un país indeterminado donde el miedo y la violencia generada por una dictadura han contaminado a la sociedad. Un país que recuerda a la Rumania tiránica de Nicolae Ceausescu, donde Dragomán (Transilvania, 1973) nació y vivió hasta los 15 años. Lo cuenta en el Café Europa de Budapest, donde sus palabras se agrupan en nueve temas.
- Origen. “Nací en un territorio disputado siempre por unos y por otros durante muchos siglos. Cuando nací, Transilvania ya era rumana, pero mi familia es húngara. Desde pequeño noté la huella del cruce de culturas e idiomas. Era una vida de temores y prohibiciones bajo el régimen de Ceausescu donde nunca sabíamos cuál era la verdad”.
- Mentiras. “La mentira era una cosa tan normal como respirar. La gente decía cosas en las que no creía pero aparentaban su convencimiento. Era la forma de garantizar tu vida. Por eso Yata, el niño del libro, va desenmascarando las mentiras en medio de una sociedad que se derrumba”.
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7th March 2010
Xavi Ayén me visitó hace una semana en Budapest. Me gustó mucho hablar con él. Su entrevista para La Vangaurdia está aquí.
El transilvano György Dragomán irrumpe en la narrativa europea con ‘El rey blanco’, la vida de un adolescente en una sociedad degradada por la dictadura hasta en los detalles más cotidianos
Nadie sospecharía, en la piscina central de los baños Király de Budapest, bajo la inmensa cúpula medieval y los más de 500 años de historia del recinto, que aquel hombre bajito y discreto del fondo, que, justo ahora, estira sus piernas entre las ondulaciones del agua tibia y cierra los ojos como si el mundo se hubiera detenido, es uno de los más prometedores nombres de la nueva literatura centroeuropea. Con los poros abiertos, cubierto con un leve taparrabos, György Dragomán (Marosvásárhely, 1973) limpia su cuerpo de impurezas y busca inspiración para sus novelas. Como cada semana, va a pasarse tres horas deambulando por el recinto: ahora a la sauna húmeda, ahora a la piscina helada, ahora de nuevo al agua tibia, ahora a la sauna seca… Este hombre con apellido de superhéroe y engañoso aspecto de oficinista ejemplar acaba de publicar El rey blanco (RBA).
La novela de Dragomán no existiría sin la final de Copa de Europa de 1986, en la que el portero de Steaua, Ducadam, paró cuatro penaltis / Lenke Szilagyi / Arhivo
Dragomán, en realidad, es rumano (transilvano), de madre judía, pero perteneciente a la minoría húngara de aquel país, brutalmente reprimida por el dictador Ceauceuscu. Al igual que la Nobel Herta Müller acabó emigrando a Alemania, el lugar de origen de su lengua, Dragomán se trasladó a Hungría en 1988.
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